lunes, 8 de julio de 2013

La otra mitad del Olimpo

Embelesada con tus dos Venus púdicas, me ahoga el agua que mana de sus ánforas, y al verlas llorar caí en el desengaño. Eran dos Dianas coronadas con perlas, y quise arrancarles las diademas para verlas libres.
Pero Apolo amaneció en tu cabello y lanzó estrellas a tu piel, mientras Perséfone se desmayaba en tus labios esparciendo una ardid de semillas que condenan la mitad de mis estaciones.

He visto un efebo rubio, un Apolo kassel. Un Eros, un Dorian Gray y hasta al Narciso que mora en los manantiales puros. He visto todo Lesbos arrodillarse  ante un suspiro y los labios impretéritos de Safo murmurar una oda frustrada.
Rezas por mi bautizo y mi salvación, has buscado en vano un Dios que me ilumine y no te percatas de que amaré por siempre la maldición de mi herejía ¿Porqué querría adorar una vacua deidad cuando eres todo un panteón, que da cobijo a mis ángeles  heridos y mis demonios hirientes?

*

Lo que quiero decir es, que ni con todos los sonetos de Lope o poemas de Garcilaso, las tristes melodías o las liras parlanchinas, ni con todas los frescos ni óleos o bocetos, los grandes monumentos, las pieles frías o los palacios luminosos y ni con todos los vientos y mareas o montañas escarpadas, ni desiertos sinuosos sería capaz de decirlo.

La diligencia

La conversación dejó un regusto amargo que culminó con un silencio incómodo. El traqueteo de la diligencia no hacía más que evidenciar su apatía, moviendo casi imperceptiblemente su cuerpo como al junco que se dobla y resiste el temporal. Quería y podía resistirlo.
Su acompañante por el contrario, parecía un roble. Inmóvil, impenetrable y austera,  recostada pesadamente en su asiento. Henry la miró de reojo y supo que acabaría tronchándose ante el envite del viento. Aunque todo indicara que era el joven el que se rompía.
Cada uno miró a ventanas opuestas, con expresión ausente, ignorando que tenían a una persona frente a ellos. El muchacho contemplaba, o lo fingía, el paisaje que tan lentamente se iba abriendo paso. Pensaba en muchas cosas, distintas, iguales, similares. Hilvanaba argumentos, se evadía. Pensó en todas las cosas que quería decir en esos momentos, y que nunca diría.

La mujer resopló.

La estrella que cayó: historia de Luna.

Existió un vez, en unas tierras tan lejanas como el tiempo pasado, un rey loco prendado de la claridad. Bajo su mandato, las tropas celestiales arrasaron con todo atisbo de oscuridad, de fealdad o pobreza. Lejos de ser esto una metáfora, es la más triste consecuencia de las despóticas órdenes de un hombre, que cegado por la luz del amor insalubre y obcecado canalizó su obsesión hacia el exterminio de los males y las desgracias humanas de la forma más inhumana posible. Es este pues, el relato de un hombre derrotado, y también el de una estrella caída.
Las malas lenguas dicen, que en la región portuaria de Dalashktán creció el malhadado monarca. No entre palacios ni oros, ni entre piedras de atalayas o mármoles perlados. El niño Sham creció entre el hedor del mercado y las calles llenas de orín y podredumbre, saboreando el hambre hasta la última gota y recibiendo apenas aliento de su madre que debía dosificarlo entre sus otros seis hermanos. Tuvo sin embargo, una buena estrella que no sonrió a ninguno de sus otros hermanos ni a los otros cinco que su madre parió muertos.
A penas con seis años, un mercader pagó a sus progenitores 5 monedas por él y le ofreció la oportunidad de vivir entre sedas, algodón y lino. Quizá el mercader sólo necesitaba mano de obra barata urgentemente, pero no suficiente dinero como para comprar a alguno de sus hermanos mayores.
Desde la ventana de la nueva alcoba en donde ligeramente dormía, se filtraba la luz de los astros y los lamentos de las cigarras. A temprana edad, el monarca aprendió con sólo observarla el ciclo de la Luna, y también el de la vida, la muerte y la resurrección de la belleza y la luz. Escrutaba las arrugas grises del cuerpo celeste cuando era Luna llena, y cada día jugaba a encontrar las diferencias hasta que moría. Años después conocería a través de un ajado libro la historia de la Luna y su terrible condena.

Los textos, apenas leíbles y de forma escueta narraban la leyenda de una joven hermosa, de casa noble y  difícil carácter cuya osadía le costó la eternidad. De la estirpe de las sierras nevadas, su piel porcelánica era más hermosa que el más hermoso de los marfiles tallados. La gracia de su figura sólo era comparable a la amabilidad de su rostro, orondo y suave, coronado por dos grandes ojos que vestían la piel de los lobos de las montañas.  Sólo su cabello parecía salvaje, una melena de carbón rizado que flotaba en el aire.

Sin embargo, la naturaleza había compensado su belleza con el gran defecto del orgullo egoísta, y una solitaria infancia la convirtió en una tímida joven que ocultaba sus carencias bajo el desdén y la arrogancia. En su afán por ser la más hermosa, la más alabada y famosa del reino profanó vidas,  cometió delitos y se aprovechó del trabajo de otras personas para su imagen propia. Pero fue cuando blasfemó directamente contra la diosa Taeryth, que esta,  molesta por la conducta de la joven decidió finalmente castigarla.

Y el crimen fue terrible. Luna, cuyo mayor afán era destacar entre los demás viviría por siempre en el firmamento, en una posición privilegiada desde la que todos los hombres de la Tierra podrían admirarla por siempre. Sin embargo, su rostro estaría desfigurado, y como castigo por negar y ocultar a las personas realmente responsables de los méritos que había acumulado, sólo podrían verla durante la noche y su luz sería tan solo el reflejo de un astro mayor, cuya presencia borraría por completo la suya y hasta la eclipsaría.


Desde entonces, desolada y privada de consciencia, Luna cumple su tortura en el firmamento. Su obsesión por la belleza de su rostro y el miedo a ser vista sin ella la lleva a acercarse al océano una y otra vez para mirarse en su reflejo. Cada vez que lo hace choca contra la superficie y se hiere, volviendo asustada al cielo mientras se rompe en pedazos y finalmente se oculta. Pero la voluntad de Taeryth es firme, y se ve obligada a volver a su lugar mientras la magia de la diosa la regenera. 

Sancta santorum

Su cuerpo era un templo egipcio,  un templo pagano donde habitan muchos dioses se venera a otros muchos.
Para entrar hay que sortear laberintos de hiedra y espuma, de tierras y océanos, de realidades muertas y vivos sueños. Quimeras y esfinges lo recorren desde el inicio hasta el fin de los tiempos, custodiando los espíritus errantes del limbo y la vigilia, de quienes perecieron en el intento.
Desde cualquier punto del laberinto puede verse el final del mismo, dos grandes pilonos esculpidos en amatista, cuarzo rosa, malaquita y ojo de tigre completamente grabadas con símbolos y oraciones de una lengua extraña hace mucho olvidada. Su visión constante brinda esperanza y es la desesperación absoluta de quienes nunca encuentran el camino pero ven el final.
Tras ellos se extiende una interminable galería donde se exponen las más preciadas maravillas nunca conocidas, tesoros que al cambiar de apariencia según quien los mire son capaces de tentar al más honorable de los hombres. Quienes se atreven a posar los ojos sobre ellos caen presa de la locura y del miedo, y un instinto irrefrenable los lleva a tocar y a sentir las maravillas expuestas en sus carnes.  La galería concede los deseos de quienes caen en la tentación, convirtiendo en polvo  lo que sea que los hombres tocaran.  Si esto sucediera, la galería cuenta con  hileras de infinitos soldados caballeros a ambos lados del camino, que cabizbajos y huecos no dudarán en alzar velozmente sus alabardas y atravesar al desgraciado en mil estocadas. Pero los pecadores no sufrirán, pues antes de comprender la destrucción de su tesoro habrán muerto presa de su codicia irrefrenable.
Quienes resistan las perversas trampas de la galería serán caminantes del más espeso y oscuro bosque que jamás hayan conocido.  Los árboles están dispuestos a la misma distancia unos de otros, y son tan altos que sólo las más agudas vistas lograrían intuir sus copas. El bosque está vivo, escruta el alma de los caminantes, los observa, los despedaza con el silencio y a veces con los susurros que los árboles intercambian entre ellos. No se sale del bosque a menos que el bosque lo desee, ni caminar, correr o pedir ayuda sirve, pues el veredicto del bosque es la ley.  Los árboles son sádicos, jugaran con los sentimientos de los viandantes y no se darán por satisfechos hasta que giman de desesperación, de frustración o miedo, hasta que lloren de impotencia o se vuelvan locos. Les mostraran sus mayores miedos, los harán enfurecer y los enviarán a los más profundos pozos de su consciencia, al abismo de la nada, de la inexpresión de la vida o de las hondonadas de la pesadilla. Sólo cuando los caminantes encuentren la desesperación absoluta y se liberen de ella los dejarán ir.
La recompensa es una diminuta habitación tras una puerta de madera vieja, donde apenas cabrían cinco hombres. La buena iluminación de origen desconocido permite ver las paredes de zócalos, yesería y cerámica de alguna era pasada ya entonces en decadencia. En la habitación sólo hay una vela blanca sobre un candelabro consumida por largo tiempo y nunca apagada, pero cuya llama desprende insuficiente luz para iluminar la habitación por sí sola. A sus pies un manto de cera se extiende como una nevada agria, y todo huele extrañamente a jazmín y almendras.
Con la primera exhalación del único hombre capaz de adentrarse en la habitación, la vela se apaga en una sensual danza, y la habitación queda a oscuras. En la oscuridad, el hombre siente el tacto su de cuerpo, y ella le otorga lo que más ansía el hombre, le vuelve inmortal. La felicidad le inunda, sonríe, y desaparece. Su esencia deja de sentirse en el aire del mundo, su consciencia se ahoga en el sueño y nunca más volverá a existir, porque ahora existe en todos los mundos, en todas las dimensiones y en los ríos de la conciencia colectiva de todos los seres que alguna vez existieron. Ahora son eternos, ahora son indivisibles.

Elegía a una plataforma virtual

En esta tarde de Junio angosta
donde hasta empollan las langostas
he sentido ya el correr de varios días
sin tu presencia vaga y estrecha cortesía.

Hoy más que nunca
tu ausencia es largamente sentida
y en el trascurrir de las horas
se pierden mis esperanzas y alegrías.

La necesidad me apremia, 
la curiosidad me obliga,
la inquietud se vuelve desespero
más tu silencio es firme:
no puedo resistirme.

La proximidad del averno 
me trae pensamientos horribles
mientras chrome me reitera:
Ésta página no está disponible.

jueves, 31 de enero de 2013

Entrañas de pasión

Nota: Este relato erótico se hizo con la intención de que fuera jocoso, ridículo y exageradamente cursi horrendo. Si en algún momento experimentan vergüenza ajena, es más un halago que una ofensa (yo también la siento a veces cuando lo releo, tranqui). Además puede herir sensibilidades, así que si alguien se ofende tras leer el final puede mandar sus quejas sobre la violación de su moralidad y ética de lo políticamente correcto a meimportaunpito@correocaliente.com.


Su piel se estremeció bajo el sonido de un beso. Quiso hablar, pero sólo pudo esbozar un gemido ahogado. Sintió la caricia de sus ojos que recorrieron lascivos sus curvas malhadadas contra la voluntad de su legítimo dueño y como por fuerza de gravedad.

Ella encontró su mirada, sabía que la tenía en la palma de la mano. Pero fue indulgente y se la devolvió.
Aún débilmente, los cuerpos reaccionaban. Para entonces ninguno de los dos recordaba su hogar, su pasado o su nombre siquiera. A pesar de sus heridas y entrañas rotas, aunque vivieran una época caótica de aullidos, hambruna y destrucción. Nada de eso importaba ahora, ni la sed, ni el hambre, ni el calor o los huesos entumecidos y desgastados.
Pues lo que muchos llamarían un virus insaciable había tomado posesión de sus mentes, recorrían sus venas y erizaba sus vellos. Ya nada más tenía cabida en sus mundos, ni las circunstancias, ni la existencia misma.
Sólo existía la ternura de sus pieles rozando, la gentil mano del joven que con frío tacto se deslizaba por las caderas de la muchacha.

Lentamente él exploró la cavidad de su deseo, estudió su forma, sintió sus fluidos, y los gemidos se hicieron más fuertes. Por un impulso de la gula que ardía en su interior deslizó su rostro entre las piernas de ella y probó el néctar que amablemente regalaba al mundo. Su feminidad se abrió como una flor ante el roce de sus labios primero, sus dientes y lengua y todo a la vez y se deshizo en ellos.

Él era insaciable, ella solícita y perceptiva no había tenido reparos en mostrar lo más profundo de su ser.
Aquella enfermedad del corazón que ellos mismos sufrían había destruido cientos de vidas y  llevado a la locura y a la desgracia a tantos otros, pero la humanidad se había rendido a su poder, incapaz de combatirla, de comprenderla. Quienes caían en su embrujo nunca aceptaban sus consecuencias. Lo daban todo, lo arriesgaban todo sin ser conscientes de su ensoñación, de sus padecimientos. Olvidaban la razón, los recuerdos y sólo les importaba una cosa.

Pero ellos eran diferentes. Ellos se amaban de verdad, y habían decidido pasar el resto de sus días procurándose esa felicidad. Jamás una desdicha los había unido tanto a nadie. Cuando todo estaba perdido, ellos se encontraron ¿tan egoísta era hallar la felicidad entre los escombros y las penas?

Ella era la única que conseguía levantarle algo más que el ánimo, desde hacía mucho tiempo. Era un milagro la forma en que sus cuerpos se comunicaban mutuamente. No necesitaban palabras, ellos se ocupaban de eso. Un  ligero temblor recorrió los nervios de la joven, los mechones de su vello púbico se erizaban y sus mejillas ardían. El reducto más antiguo de su mente respondió a la estimulación también y suavemente la joven adoptó la postura de lordosis indicándole a su amante que estaba más que preparada. De espaldas a él, apoyada sobre las rodillas elevó su sexo y curvó la espalda, lo miró implorante y suplicó por más. Estaban muy mojados, de amor, de sangre, fuego y besos.

Él intentaba frenarse, pero en ese instante lo abandonaron las fuerzas, liberó su virilidad reprimida y penetró en la oscura seducción de su amada que se arqueó como un ciervo ante la embestida, para recibir todo su amor.
Guiados por los más primitivos instintos, ambos saborearon una parte del otro mientras los azotes continuaban. Él había perdido parte de una pierna en un tiroteo, cuando lo único que  deseaba era algo que llevarse a la boca.
Esa y otras tantas pérdidas hacían que mermasen sus capacidades físicas, pero no su ímpetu ni sus ansias. Ella le comprendía. También tiempo atrás había perdido muchas cosas, cosas importantes que ya no formaban parte de sí misma.

Pero un día olvidaron sus desdichas y se entregaron el uno al otro, ya no estaban incompletos, pues sus huesos y tejidos encajaban el uno con el otro como piezas de un puzzle. Él sintió en su miembro la calidez de sus entrañas y con cada embestida se adentraba más en los abismos de la lujuria, a dónde ella le guiaba mientras se deleitaba con las sensaciones que inundaban todo su vientre.
Cada bocanada de aire y mirada nublada alejaba de ellos la sensación de que aquella catástrofe, fuera cual fuera, les estaba pudriendo por dentro, y el dolor, la necesidad y el hambre  desaparecían poco a poco.
Sus sexos casi se consumían de lascivia bajo la fricción, el corazón de ella, aparentemente roto por las tragedias, estaba desbocado.

La intensidad del placer aumentaba sin retorno, y la muchacha se sentía a punto de explotar. Las sensaciones eran tan insoportables que su cuerpo no aguantó por más tiempo y se dejó ir entre unos fuertes temblores que esparcieron sus fluidos y la hicieron sentir que se partía en mil pedazos.
No mucho después, él replicaría a su amante, experimentaría un clímax y y se volcaría en ella, colmándola de deseo, alcanzando lugares de su cuerpo que nadie antes había tocado, recorriendo las cavidades de su interior, llenándola de amor.

Sabían que no volverían a pasar hambre, se alimentarían mutuamente y para siempre. Ya no necesitaban cerebros, ni pulmones, ni estómagos mientras sus corazones siguieran latiendo al mismo ritmo. Podían amarse eternamente, hasta que se convirtieran en polvo, mientras el mundo caía a su alrededor, consumido por la hambruna y la podredumbre.
Sólo a veces, un instinto aún más primitivo se abría paso en sus maltrechos nervios,  normalmente cuando llegaban al clímax. Cómo pretendiendo recordarles el sentido común otras necesidades placenteras, a alguno de los dos se le escapaba, entre gruñidos y dificultades:

-          ¡Ce...cereee…brooogh!- >sigh<.


viernes, 23 de diciembre de 2011

Un cuento sobre Autoeficacia artística.

Lo que voy a decir a continuación puede que no sea acertado, que esté mal relacionado o que sencillamente parezca de perogrullo, pero me ha parecido una idea interesante sobre la que hablar y porque además me siento identificada como artista con este fenómeno. Todo el tiempo manejo dos conceptos en principio diferentes pero que guardan cierta relación, aprendizaje social y autoeficacia.

En primer lugar, las personas aprendemos básicamente por observación a otros, otros que son modelos a seguir por nosotros. Ocurre con cualquier cosa que se te ocurra. Ahora mismo no se me ocurre ningún artista que no empezara imitando a otros, o en un movimiento común del que después se desligaría y crearía su propio estilo. Algunos, como Juan Ramón Jiménez incluso llegarían a "borrar" su primera etapa artística como modernista. Jackson Pollock a pesar de sus iniciales intentos por pintar como todo el mundo, acabó dejando el lienzo en el suelo y pintando como más cómodo se sentía.
 Como ya he dicho, a la hora de desarrollar nuestras habilidades también nos inclinamos, al menos inicialmente a la simulación de otros artistas pero ¿qué modelos captan nuestra atención inicialmente? Según parece, existen varios tipos de modelos que imitamos con mayor frecuencia:
  • Las personas cercanas a nosotros, modelos que forman parte de nuestro entorno y con los que compartimos ciertas afinidades. También, aquellos con un estilo similar al nuestro pero que consideramos más "avanzado".
  • Atrayentes. Una personalidad interesante, una forma de vida admirable o unos principios firmes que nos hagan empatizar con los artistas.
  • Eficaces o que han sido recompensados por su trayectoria, aquellos que tienen éxito, viven de lo que les gusta o son competentes, famosos y reconocidos por el público.
De la misma forma, existe una serie de perfiles para las personas más propensas a imitar a otros. A saber, aquellos que se consideran incompetentes o similares al artista modelo en cualquier forma, principalmente.
Pero claro, por mucho que observemos a otros no siempre aprendemos, necesitamos más elementos y uno de ellos es la motivación.
Puede ser motivante que de forma externa seas recompensado, simplemente con el hecho de que tras imitar a modelo has coseguido lo que te proponías, o bien que tú mismo te conciencies de tus metas, te autorecompenses o te "autocastigues". En parte como siempre, depende tí estar motivado o no.
  Y ahora viene lo que nos importa, ¿qué es la autoeficacia? Según el modelo teótico de Bandura, es la forma en la que evaluamos nuestras capacidades, lo que nosotros pensamos que somos capaces de hacer o conseguir. No hay que confundir con autoestima, que es cómo tú te consideras tí mismo, independientemente de tus capacidades.
Es decir, según quien ideó esta teoría,  el aprendizaje tiene como fin último que tu nivel de autoeficacia aumente. Lo que viene a ser, que si imitas el modelo de forma eficaz, tu opinión sobre lo que eres capaz de hacer será más positiva. Es por eso que tener modelos a seguir en tu entorno y saber observar es tan importante para el desarrollo de habilidades.
Como artista al igual que todos he tenido mis más y mis menos, momentos en los que mi nivel de autoeficacia era bajo y me sentía frustrada, y otros en los que me veía motivada y capaz de realizar auténticas locuras, que si bien luego no realizaba tampoco me sentía mal por ello.
 Y esto es la bola de nieve que baja por la ladera de la montaña. Cuanto mayor sea tu nivel de autoeficacia, mayor será tu posibilidad de desarrollo, puesto que te impondrás mayores retos, ideas nuevas, te esforzarás más y enfrentarás con soltura los problemas que se te presenten, todo lo contrario a alguien que no tenga autoeficacia suficiente.

En conclusión, no tengan miedo de imitar si han empezado y deslíguense del "maestro" conforme sus habilidades mejoren, intenten desterrar el "no soy capaz de hacer eso" y piensen mejor que siempre hay alternativas que pueden ayudarte a mejorar, no tengan miedo tampoco de emprender nuevos proyectos o explorar nuevas áreas, hay muchas formas de arte, escultura, pintura, música, cine, costura, y miles de tipos de diseño, descubrir lo bueno que puedes llegar a ser en tantas cosas hará que puedas ser más capaz de mejorar en lo que quieras.


lunes, 16 de mayo de 2011

Renovarse o morir I: Viola Rose

Mucha gente crea sus propios OCs (Original Characters). Muchos, crean historias, mangas, comics o novelas que nunca verán la luz, la mayoría por una falta de pericia/ ganas/ tiempo o llámalo X. A mí también me pasa lo mismo, y tengo mis propios personajes, pero hace poco decidí que después de tanto tiempo merecían ser reinventados.

Físicamente, y psicológicamente, porque profundos y definidos como que no los tengo. De momento son carcasas vacías y hay que rellenarlas, y para ello empiezo por lo más fácil, la apariencia física. Eso es lo que va a representar la psique de cada uno, lo que quiero que muestren es lo que quiero que sean.

Así que manos a la obra, la primera en caer fue lógicamente, Viola Rose. Su nombre, Viola lo tomé de la película Shakespeare in Love, que a su vez lo tomó de la comedia del dramaturgo Noche de Reyes. Tras leerla, reafirmo su nombre. Rose es sólo...porque me gustan las rosas, suena bien y le da un aire romántico.
Nació la primera de cuando empecé a dibujar manga. Y en realidad, el primero de sus dibujos nisiquiera se podía considerar manga. Es el que aparece a la derecha. Me sigue gustando su pelo surrealista. La ropa es una burda copia del traje de Yuna en el Final Fantasy X-2. La verdad es que me pilló en esa época en la que descubría los RPGs, y eso influyó bastante.

A este primitivo peinado le saqué un flequillo largo y simple. La ropa fue cambiando según me convenía (cambio radical, vuelta a lo original) y no acababa de definirla, pero el corsé no falta nunca (es que me encantan). Psicológicamente tampoco, aunque sí tenía la idea de una mujer vital, risueña y orgullosa.


 Este, es el último (espero que de verdad) diseño que hice de ella, el definitivo y con sus ropajes usuales.
Le he cambiado el flequillo por algo más sofisticado, y  las puntas del cabello acaban rizándose. Para el diseño de traje me inspiré en la moda lolita. Antes le ponía pantalones cortos porque era lo más cómodo para luchar, pero he decidido que no quiero que luche como una espadachina de un RPG. Tampoco quiero tirarme por las típicas magias y que ahora lleve un báculo con una capucha, o decir que tiene un poder oculto porque es la reencarnación de un pepino de mar milenario maligno. Así que de momento, la dejo así de divina. Por si acaso, debajo lleva unos shorts.

Decidí conservar el púrpura como color predominante, pero en lugar de acompañarlo el negro me gustó más el contraste con el blanco. Así parece más una princesita.

Las caras siempre me salen mejor en el boceto. No he conseguido deshacerme de esa costumbre de hacerlas alargadas (y maduras), pero al menos me salen más redonditas y realistas. Tampoco es que quiera pintar kodomo.


domingo, 3 de abril de 2011

martes, 14 de diciembre de 2010

lunes, 8 de noviembre de 2010

Don Hertzfelt

Mira por donde ayer, tras ver por enésima vez los cortos de ASDF Movie encontré estos extrañísimos cortos animados, de la autoría del californiano Don Hertzfelt. Normalmente no son del todo agradables (sala sangre y eso, sí) y tampoco parecen tener sentido o argumento.

Pero lo indiscutible es que el proceso de animación es encantador, y ante todo demuestra que los monigotes también tienen vida o sentimientos...
Dibujar a personas de forma realista te hace ver a la persona de forma íntegra, como un todo. Pero si en su lugar dibujas monigotes lo que encuentras son personajes no "simples", si no incompletos. Si además tienen cara de poker, ojos grandes y mirada descentrada, el desamparo es notable.

He aquí algunos de sus vídeos más famosos.

The animation show



Rejected (rechazado)



Genre



Ah, L'amour



También Tim Burton suele dibujar esta clase de personajes. No son simples, no son garabatos. En Tim Burton son personajes desamparados, incompletos, vacíos o asustados, raros y descompensados, deslumbrados por lo que les rodea. O al menos así lo interpreto yo.

Don no es Tim Burton, por supuesto, pero optimisma y vital tampoco creo.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Quería presentar el blog, pero acabé hablando de Internet.

Más o menos es eso. Pero es que tenía ganas de empezar de nuevo. Me encanta crear páginas, blogs y cuentas y divertirme personalizándolas. Es algo satisfactorio ver lo bien que te queda cuando lo ves después de toda la tarde buscando plantillas y peleándote con el html.

 En esta ocasión he pasado de él un poco (del html) y me he pillado una de las plantillas de şablonlar (el link a su blog de plantillas está justo al final de este).

Por que total, todos sabemos a donde va a parar esto. Sí, a sobresaturar la red. Pero teniendo en cuenta la cantidad de hoaxes y mensajes en cadena tontos que hay por ahí, ya sabemos que no ha de ser tan fácil. En serio, el día que Internet explote el mundo se acabará.

Quizá no lo parezca para muchos que solo usan un ordenador para el msn o una red social minoritaria. Pero si yo no hubiera tenido Internet a mano ahora mismo no sabría ni la mitad de las cosas (útiles o inútiles) que sé, ni tampoco habría hecho otras muchas cosas.
Incluso gracias a Internet aprendí cosas sobre la gente que no habría aprendido relacionándome con la gente de mi entorno.

Se ha difundido a veces la idea de que Internet es casi un peligro para los niños, que la gente aprovecha el anonimato de las redes sociales para hacer cosas malas o ilegales, y que las descargas estafan a los profesionales.
Es el dilema de siempre, todo es dañino si lo usas mal. En Internet nadie va a ver tus fotos íntimas si tú no quieres (no cuentan los permisos del tuenti, por que está más que comprobado que no funciona), y los líos te los buscas tú. Para sobrevivir en Internet sólo hace falta tener aquello que resulta imprescindible para sobrevivir también en la vida real: un poco de sentido común y dos dedos de frente.

Y como decía un bloggero "bukowskiano", el anonimato puede ocultar la identidad de las personas, pero también revelarla. Gracias al anonimato muchas personas se abren y expresan su emociones y experiencias al resto, sintiéndose seguros. Cosas que quizá nunca expresarían a las personas de su entorno, bien por que será censurado, avergonzado o sencillamente sería como dar una patada al aire. Y compartir estas experiencias puede resultar útil para muchas otras personas, para darte cuenta de que hay más gente que las comparte contigo. A veces es casi terapéutico.

Sobre las descargas sólo diré que la cultura sea del tipo que sea es para compartirla, y que todos deberíamos poder acceder a ella. Y si no, que reinventen su negocio.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Mi cielo.

En un rincón oscuro habitaba la más antigüa de las emociones. Los hombres evolucionaron, la emoción no. Los hombres adquirieron iteligencia, perdieron fortaleza. La emoción permaneció allí.

Los hombres inventaron las palabras, las ciencias y las artes. Escribieron libros, compusieron obras y fundaron cultos, y complicaron todas las cosas.

Tomaron a la emoción, le pusieron nombre y apellido, la vistieron y maquillaron, le dieron múltiples papeles en múltiples obras. Trístemente célebre fue su carrera, cubierta de metales preciosos y despreciada, protagonista y antagonista. Todos la desnudaron en público, mostraron aquello en lo que la habían convertido y la señalaron despectivamente. "Es cruel, infame. Mira la desdicha de sus víctimas, que agonizan en silencio. No es digna, humilla y encadena a los hombres. Ya no la necesitamos más, somos superiores".

La emoción lloró, sintiose sola. Sin comprender por qué se le achacaba tal maldad, volvió a refugiarse en el rincón oscuro. Se avergonzó de sí misma y de sus defectos, pidió perdón por su inutilidad. A veces alguien la obligaba a salir. " Te necesitamos esta vez", decían. Desnuda y enmascarada, regresaba aliviada a su rincón y esperaba no tener que salir más.

Hasta que un niño llegó hasta ella, un niño que no la había visto nunca y que quedó mirándola sin mostrar rechazo.

"No saldré nunca más", dijo la emoción. El niño preguntó el por qué, y la emoción respondió que era indigna, sucia para los hombres, que no la necesitaban. A lo que el niño contestó " ¿ Y por qué habría de ser malo un instinto? No es indigno temer la pérdida de aquello que te permite sobrevivir."

La emoción sintió entonces una revelación. Cambió su nombre y su apellido, abandonó sus metales preciosos y recuperó su orgullo. Ya no le avergonzaba salir ¿quién si no les enseñaría a los hombres a necesitar y ser necesitados, a seguir persistiendo en el mundo?

Y esa noche, la niña se durmió, intentando contar las estrellas.

domingo, 24 de enero de 2010

Nocilla Dream, o como aprendí a ser crítica.

¿Conocen ese libro de Agustín Fernandez Mallo, "Nocilla Dream"? Seguramente no, por que a pesar de ser el autor español y exponer en su libro una interesante forma de hacer literatura (que sin embargo se reduce a un solo ejemplo, pues seguir su patrón quedaría haría de obras futuras simples copias del original sin valor imaginativo ninguno)no lo conoce ni su padre. Quizá en su comunidad natal sí sea más conocido.

El caso es que con "Nocilla Dream" se nos presenta una idea (entre otras muchas, tantas como personajes quizá)desde hace tiempo creo estar empezando a experimentar.

Es ese día que te levantas, lees a quien fué tu maestro entre maestros (en el caso de "Nocilla Dream", Jose Luis Borges)y descubres que, ya no te llena. Las palabras sn vacías, los argumentos repetitivos, aún cuando sabes que la expresion guarda toda clase de brillantes matices y simbolismos, te das cuenta horrorizado de que, no es diferente a cualquier otra obra elegida al azar entre cuanlquier escritor mediocre.

En mi caso no se puede decir que tenga a ningún maestro entre maestros (todos son magníficos, a su manera)ni que me levantara de golpe y descubriera que todo se ha acabado. No es exactamente eso, es muchísimo más liviano, casi inexistente y ambiguo.

Es el recuerdo de que, en algún momento, todo aprendiz necesita desligarse de su maestro y quizás destruirlo.

sábado, 14 de noviembre de 2009

El Bobo Bob. Mientras tanto, un camino de baldosas.

Derecha rojo, izquier

da blanco. Derecha rojo, izquierda blanco. Derecha rojo, izquierda…


-¿Qué estás haciendo?- con curiosidad y extrañeza, hizo que Harley perdiera el ritmo durante un par de milésimas de segundo.


Unas milésimas no eran mucho, pero bastaban para romper el equilibrio. Aún así, solo Harley lo notó, e ignorando esta pequeña catástrofe en el orden universal reanudó su tarea y respondió sin levantar la cabeza, divertida.


-Ando según los colores de las baldosas.


-¿Las baldosas? ¡Qué graciosa eres! – y se rió.


Harley siguió ignorándole, con una media sonrisa en los labios. Una sonrisa intocable, pero nerviosa.


-Oye, y ¿te diviertes?


-Eso no importa.


-¿Cómo? ¿Por qué?


-Por que no importa.


Si se hubiera tratado de otra persona, alguien como Ren, no hubiera tenido ningún reparo en prolongar la conversación. Con Ren todo era un poco más fácil, por que aunque no siempre lograba comprenderla a la primera, conservaba parte de esa esencia mágica, lo suficiente como para entender muchas cosas sin necesidad de preguntar. La respuesta a por qué Harley andaba siguiendo una serie basada en los colores de las baldosas era obvia. No existía tal razón. Ya que para Harley, no todo atendía a razones y más cuando se trataba del comportamiento humano.


Pero Bob no era Ren. Para Harley, Bob estaba clasificado entre una de esas personas que hablaban con ella como si un perro le hablara a un caballo tratándolo como a una mascota. Compartiendo ambos el mismo dueño, claro. Tenía pretensiones de hombre maduro, creativo y soñador, pero en realidad solo era uno de tantos hombres que se creían capaces de comprender muchas cosas, aunque en el fondo no tenían ni idea de nada. Un intento de algo, como la mayoría. Solo que éste intento en concreto, era inusitadamente pesado, y se tomaba unas confianzas que Harley encontraba ofensivas. Aunque seguramente éstas confianzas le habían valido en muchos casos el título de persona maravillosa, amable y comprensiva, para Harley siempre sería el Bobo Bob.


No importa lo mucho que intentara explicarle cosas para ella básicas, nunca lo entendería. Se limitaría a soltar un convencido “Ah, vale” o “Ah, ya veo” y se olvidaría del tema al poco tiempo, por que al contrario de lo que quería pensar, su mente ya habría tachado la información como inútil y la habría desechado al Vertedero de los Pensamientos Olvidados. Y eso era palpable en sus expresiones y su forma de hablar, estúpidas y pueriles como sacadas de un guión forzado de La Casa de la Pradera. En conclusión, a Harley le daba grima Bob Chansey, el Bobo Bob. Y por eso, intentaba ignorarlo lo más posible o evitar sus charlas inútiles, faltas de carácter.


-Ah, vale.


Y aquí, Harley se cansó de contar baldosas.


-Bueno, tengo que irme.


-¿Ah, si? ¿A dónde?


-A visitar a mi abuela, que está un poco pachucha –Mentira.


-Ah, pues muy bien, adiós. Y dile a tu abuela que se mejore de mi parte. Y tu, cuídate.


-Lo haré, gracias-Mentira doble.


Harley giró casi bruscamente al llegar a la esquina, pensando en alejarse lo más pronto posible del aura negativa del Bobo Bob.

domingo, 18 de octubre de 2009

As de Tréboles

Hace mucho tiempo tuve un nombre. No era especialmente bonito, no significaba nada en particular. Pero era mío, y eso era suficiente.

Pero ese nombre sólo lo usaba yo, por que solo yo lo conocía. Nadie me llamaba, así que no era necesario que lo supieran. Por eso lo guardaba con recelo para que nadie me lo arrebatara y esperaba pacientemente a que alguien lo hiciese.

Un día salí a jugar. Rodaba y jugaba entre los tréboles hasta que una torpe caída me hizo reír hasta el cansancio.

Fue entonces cuando apareció. Un señor muy alto, con el rostro semi-oculto bajo la sombra de un gran sombrero chimenea (que realmente echaba humo en su cúspide). En alguna ocasión pude observar que sus ojos eran negros y brillantes, fugaces pero astutos, y sin embargo, melancólicos como los de un perro viejo.

Dijo que se llamaba Murphy, y que quería hacerme un regalo. Sus palabras exactas, más bien, fueron estas:

-Escuché su risa y vine a robársela. Sin embargo, habiendola encontrado a usted tan feliz entre esos tréboles, decidí reconsiderar mis intenciones. Tiene usted un aura inquietante, y la curiosidad me puede más que las metas prácticas. Sin duda me beneficiaré aún más de este encuentro a la larga. Así pues, si usted me lo permite –y con una casi imperceptible voz añadió “y si no es así también”- me dispondré a extenderle un contrato con el que saldremos ambos beneficiados.

-¿Qué es un contrato?

-Es un papel donde prometes cumplir ciertas cosas a cambio de otras.

-¿Y qué cosas son entonces?

Antes de responderme, un pergamino salió volando, entre el humo y las chispas de la copa de su chistera que se abrió para ese fin. El pergamino voló hacia abajo y fue atrapado por las ávidas manos enguantadas de Murphy. Me lo extendió y comenzó a citar algunas cláusulas del contrato. Yo lo cogí, sin prestarle atención, pues él la acaparaba toda.

- A causa de la naturaleza de este contrato, el negocio aquí firmado se realizará sin límites de espacio-tiempo establecidos. Sin embargo, el contrato podrá ser anulado en caso de que uno o ambos firmantes se desinteresaran por el mismo, y siempre que en dicho momento ambos hayan obtenido un beneficio equivalente.-dejó de pasear de un lado para otro mientras recitaba, y se volvió hacia mí- Sin duda espero, lo encontrarás sumamente justo, querida.

Si en ese momento me hubiera mentido sobre el contenido del texto, lo hubiera ignorado por completo, y tampoco me hubiera importado. Aunque seguía creciendo la curiosidad en mí.

-Pero ¿Qué podría yo darte? No poseo nada de interés.

-Oh, no os preocupéis por eso, querida. Os aseguro que tenéis mucho que ofrecerme, más que yo a vos. Firme, por favor.

En ese momento, no logré adivinar qué oscuros o cuan profundos significados guardaban esas palabras.

-Puesto que nos veremos muy a menudo, he aquí mi primer obsequio, con el cual inauguramos nuestra incipiente relación.

Se llevó una mano al interior de la solapa izquierda del esmoquin, y rebuscó en lo que al parecer era un bolsillo. Se detuvo un instante en el que recordó que yo seguía teniendo el contrato en mis manos. Me lo arrebató brusca pero educadamente con un “Ah si, muchas gracias” y se lo guardó en la solapa derecha. Después siguió buscando. Debía ser un bolsillo bastante grande, o demasiado lleno para que se demorara tanto.

-Aún no he firmado…

Se detuvo de nuevo y me miró con una pícara sonrisa.

-Claro que sí, firmaste en el mismo momento en el que te decidiste a hacerlo.

-¿De veras llevaba mi firma?

-Por supuesto, una firma muy interesante. Pero preciosa, debo decir. Ah sí, aquí está.

Y me tendió un naipe. El as de tréboles.

-Este es mi primer regalo. La Fortuna. A cambio, necesito que me cedas algo, una cosa que posees que necesito para llevar mi propósito a buen puerto y con ello cumplir mi parte del trato.

-¿Qué es?

-Tu nombre –y esbozó una sonrisa aún más pícara que las anteriores.

martes, 18 de agosto de 2009

Run

Se despidió por última vez, se giró y echó a andar calle arriba por la cuesta. Sin mirar atrás, absorta en su enclaustramiento. Ella nunca miraba atrás. No hasta la mitad de la calle, donde estaba segura de que él no se daría cuenta de nada. Cuando llegó a la mitad se giró, como siempre. Y lo vió correr. Él siempre corría. Claro, que él no corría inmediatamente después de despedirse. R no lo sabía puesto que no miraba atrás para verlo cruzar la calle, pero suponía que lo hacía un ritmo más o menos normal, y que empezaba a correr suavemente después de haberla cruzado. Pero para cuando R volvía la vista atrás, ya estaba científicamente corriendo. ¿Por qué, tenía prisa por llegar a su casa? ¿Por el calor? ¿Por el frío? ¿Por no cenar caliente? ¿O simplemente ajustar su tiempo? Fuera lo que fuera, a R le parecían excusas insuficientes, superfluas para echarse a correr. Pero seguramente el motivo por el cuál él corría, era uno de éstos. Algo más complejo no tendría sentido en él. Pero en R sí.
Por eso aquélla vez, R salió corriendo en cuanto comprobó que él hacía lo mismo. La calle no era muy larga, pero sí empinada. El corazón se le aceleró con la anormal brusquedad a la que sin embargo R estaba acostumbrada, y sintió la respiración que se alteraba en busca de más aire, traducido en forma de jadeos. Iba tan rápido como su alma se lo pedía. Durante ese momento sintió que era uno de esos en los que necesitabas un insignificante exceso. Llegó al final de la calle, cesó de correr suavemente y se giró hacia atrás en el acto de nuevo. Justo cuando lo hizo atisbó una casi imperceptible silueta diminuta que desapareció de su vista a las pocas milésimas de segundo. Él ya se había ido.
Contempló la calle por la que la figura había desaparecido, jadeando, con el pulso en sus oídos. Sintió desde dentro que sus ojos le iluminaban y enternecían arropados por las luces de las farolas que parecían cómicas caras, al tiempo que una sonrisa de felicidad, de esas que te hacen creer en la magia se expresaba en su rostro triunfante.
Se quedó mirando a la calle una última vez durante unos segundos, expectante, antes de volverle la espalda de nuevo y seguir con su camino. Supo mientras lo hacía que había ganado. Sí, por una vez, R había ganado algo ante dios. “Creíste que solo corriendo serías lo suficientemente fuerte como para separarte de mi. Por eso, por que no lo quiero así, corrí igual que tu. Para que dios viese que incluso al separarnos seguiríamos enlazados ante el destino.” Fue lo último que pensó antes de entrar en su casa. Dentro de unos años R apenas lo recordaría, o lo haría sin pensar demasiado en ello. Pero en aquella calle, las huellas de una desafiante corredora quedarían grabadas para siempre en una asfalto de ilusiones.

Los devoradores de almas.

De un local indefinido surgía una canción lenta, protagonizada por la voz de una mujer joven que sonaba cansada. Según quien la escuchara, la melodía podía transmitir tristeza, calma o incluso sensualidad.

Para H, quien se vió a sí mismo en una situción similiar, la canción evocaba las deprimentes circunstancias de alguien que sobrevive a la noche, la miseria y la frialdad de una ciudad que ni duerme ni conoce los límites. En solitario, sorteando seres abandonados por un dios desconocido que buscan la suerte en el fondo de una botella, en un dragón de colores o en fantasías de un placer que nunca les será placentero. H vió a través de esa melodía estar caminando entre un campo de pasto humano, que imploraba por un devorador de almas que los arrancara de raíz.

En ese momento, H deseó con cada célula de su ser encontrarse en las antípodas de aquel lugar y ver por la televisión como ardía hasta los cimientos. Deseó otro lugar que no le diera la espalda a los sentimientos, donde pudiera cerrar los ojos y verse a sí mismo. Sabía que ese lugar solo estaba entre sus brazos. A miles de km de allí, donde sólo pudiera escuchar su respiración. En el paraíso.

martes, 14 de julio de 2009

Odio irracional

Después de unos pocos milenios me da por escribir algo.
Esto nadie lo sabe, pero he quitado un par de entradas. La primera por me daba la gana. La segunda es una entrada que titule "Cuando las cigarras lloren" y que contenía una especie de composición poética que escribi como me daba la gana durante el Instituto. La quité por que ciertamente, siento vergüenza de ponerle mi nombre a eso. Le faltaba o le sobraba algo. Da igual, si solo la leí yo.

El caso, que he hecho una lista de cosas que odio a más no poder. Unás más, otras menos. Algunas simplemente me dan coraje, otras me tocan la moral. Sé que mis cosas no le interesan a nadie, pero a lo mejor alguien concide en algo. Aunque lo más seguro es que ocurra todo lo contario y me cree más enemigos de los que ya tengo por odiar cosas que son tremendamente veneradas por el vulgo de hoy en día. Bah, que les den. Ahí va.

  • La frase "Con el perdón no se arregla".
  • La pasta de dientes cuando se escurre por el cepillo y me pringa la mano.
  • El reggaeton.
  • El flamenkito. No flamenco, flamenkito. 
  • Dos clases de alumnos cantando flamenkito en el autobús de una excursión de 2 horas y media sin parar.
  • La gente que escribe con faltas de ortografía de forma gratuita.
  • La hipocresía.
  • Padre de Familia (odio multiplicado por 4).
  • American Dad, of course (x3). Pongo por tres por que esta serie más que odiarla me da pena. Una copia de otra copia, que triste.
  • Dragon Ball (x2). Este es por dos por que sé que hacer un manga es un trabajazo y mérito tiene.
  • El foro de Crepúsculo-es (x 1369). Ojo, he dicho el foro, únicamente.
  • Will Vandom.
  • El feminismo extremo y malinterpretado.
  • Las páginas web desordenadas.
  • Las páginas web con colores agresivos y un diseño chapucero o poco armonioso.
  • Que el recogedor se caiga para atrás después de barrer y lo tire todo.
  • Que me ordenen que haga algo que tenía pensado hacer.
  • La película Titanic (x4).
  • Que cuando me descargo un manga por ejemplo, este venga fragmentado en ochenta .rar's. Me gusta tener las cosas ordenadas y me jode tener que perder media hora por culpa de la chapuza de otro.
  • La orcografía en una traducción de manga o anime o lo que sea. Un poquito de seriedad en lo que haces y das a la comunidad.
  • Las modas cutres.
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